La verdad irremediable es que todavía me duele. Que es probable que me duela ahora más que hace unos meses. Que basta la imprevista aparición en el dial de una canción que alguna vez me compartiste por el chat, cuando aún todo era nuevo y emocionante, para que el pecho me arda en flamas adolescentes. Que la boca del estómago se me vacía de golpe y la humedad me lubrica la parte baja de los ojos.
Que la rabia de tus respuestas en forma de monosílabos se me pega en la garganta.
Pienso y no pienso. Siento, eso es lo que más hago, aunque no quiera. Que tengo momentos en que la coraza, esa que me quité cuando entré en tu portal, se me vuelve aire y la decepción se me instala en los huesos como el frío de los inviernos que me falta por vivir.
Que me gustaría gritarme las cosas que callaste y seguís sin decirme. Las mismas que sigo desconociendo, las que pudiste haber dicho en tiempo oportuno, pero que ahora no sirven de nada. Que me gustaría decirte cuánto lamento lo que considero una derrota cobarde de tu parte, una huida no asumida como tal.
Y con todo, te amo tanto que sos la única persona con la que me he ahorrado el orgullo. Me satisface imaginarte feliz. Me enorgullece que te colmés de los éxitos que anhelas.
Me gustaría creer que en unos días llegará esa mañana en la que me de cuenta que por fin me siento bien, pero me jode la certeza de saber que faltan varias lunas para que eso ocurra. Te extraño más que ayer y un poco menos que mañana.
Sigo en mi intento de ser la mejor persona que era cuando me recostaba en tu regazo. A veces los días son pálidos y extraños. Y aunque sé para dónde voy y lo que tengo que hacer, y camino con seguridad, siguen habiendo ratos en que me gustaría tanto tomarte de la mano y patear bobamente la basura del camino.
"Me arruinaste un poco". Sabés lo que quiero decir.
Las nubes vienen y se van y vuelven a venir. Somos una nube negra, somos lo que hacemos y lo que arrastramos. Ahora que todo está dicho, ahora que no quedan islas ni mares, ahora que estamos solos. Un lugar donde aparcar nuestras ideas bajo este cielo oscuro es necesario.
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domingo, 11 de octubre de 2015
miércoles, 9 de octubre de 2013
Ternura Suite.
La violencia, como la ternura, es universal. Es ésta la premisa del montaje en Costa Rica de Ternura Suite del dramaturgo mexicano Edgar Chías, obra de la cual ha llegado a referirse, junto a Oscuro (otro texto suyo) como aberrantes: "si tuviera la oportunidad no las volvería a escribir", ha dicho. Muy parecido, por cierto, a lo que dijera Anthony Burgess de su A Clockwork Orange después, eso sí, de que el maestro Kubrick la llevara al cine. Pero quizá, y esto es especulación mía, a Chías no habría que tomarle en un sentido tan literal cuando afirma lo anterior pues sabe que su texto es necesario.
La situación es esta: una mujer recibe una visita inesperada. El visitante intenta, justificado por la idea de un deseo tan grande como arbitrario, servirse sexualmente de ella. No se conocen. La mujer padece la violencia, pero consigue cambiar la situación. Su venganza es obligada. Nadie puede ayudarla, la justicia no existe para ella y posiblemente para nadie. Entonces, debe inventarla sobre el cuerpo del otro.
El dramaturgo, de manera audaz, ha ingeniado un ensayo sobre la violencia. ¿Es lícita en determinadas circunstancias? ¿cuál es el contexto social que la impulsa? ¿comprender su génesis nos obliga a tolerarla o nos da paso libre para ejercerla siempre y cuando sea en busca de justicia? Es un laberinto interminable el camino por donde transita el discurso de la puesta y nos obliga a los espectadores y espectadoras a estar en distintos lugares psicológicos al mismo tiempo y, como un reto insolente y grotesco, a tomar posición frente a lo que presenciamos (si es que tenemos el coraje o la lucidez).
"Es una historia triste, de corazones rotos y cuerpos despedazados", dicen en ArKetipo, agrupación responsable de la puesta en coproducción con el Teatro Universitario de la Universidad de Costa Rica. Se trata de una codirección de Moy Arburola y Pablo Morales. La puesta es el resultado de un amplio proceso de exploración por parte del equipo creativo y presenta varias cosas atractivas que acompañan positivamente a la acción dramática. Escénicamente, el público entrará a un espacio tipo teatro arena de manera tal que rodeará la acción y podrá presenciar el movimiento de los actores a muy poca distancia con lo cual se refuerza la penetración y complicidad del público con lo que está ocurriendo delante suyo. Se han incluido recursos pictóricos del pintor Paulo Navarro que otorgan a la puesta un ambiente oscuro e irreal, contrapunto perfecto con el realismo del texto. También están presentes recursos audiovisuales que juegan con la idea de voyeurismo usada para representar, con crudeza pero sin caer en lo grotesco, la escena de la violación de la mujer. Las actuaciones son sólidas y, como es natural en un texto de esta naturaleza, el ritmo y equilibrio de la puesta recaen de lleno sobre los hombros de ambos interpretes. La dualidad, tema transversal del montaje, es rematada con un hábil juego de luces que busca y recalca los contrastes y claroscuros. Puede consultarse el programa de mano completo aquí.
Desde una lectura personal Ternura Suite es un texto oscuro. Muy oscuro. Debe ser por la época. El inicio es una presentación de las partes (lo cual, si se observa la introducción completa, se entenderá que es más satíricamente dulce de lo que constituye solamente decirlo), éstas partes no parecieran ser, necesariamente, antagónicas respecto una de la otra, lo cual me produce un sentimiento de perturbación. Pareciera ser hasta este punto, no más comenzando, que lo que se está por presenciar es una bofetada alevosa y grosera de alguien que se ha tomado el tiempo de condensar una parte de la realidad que engloba este presente que me tocó vivir. Salir no es seguro, me dice Anfitriona, y es vedad aunque también tengo la idea punzante de que haber entrado a esta historia tampoco lo es. ¿Podría ser yo mismo el punto pendiente de una lista a punto de comenzar?
El juego que hay con los nombres es estupendo: él es todos los hombres, ella es todas las mujeres. Roles de víctima y victimario se van intercambiando como cambiarse un guante de látex, y el juego psicológico pareciera involucrarnos aunque no lo queramos. Ternura Suite es para mí un texto que habla de muchas cosas, pero entre ellas la violencia hacia las mujeres, específicamente la violación, es la que más me interesa. Porque la detesto. La odio incluso más que el homicidio. Y es así que pienso que el peso del personaje de ella radica en su capacidad de venganza. Por eso nos gustan tanto los personajes de la televisión o el cine o el teatro, porque pueden hacer lo que nosotros no: vengarse con alevosía. Por supuesto, miento si digo que el texto se queda aquí, como he dicho se pregunta muchas cosas, pero yo me dejo mi opinión hasta acá.
Ternura Suite termina temporada el 13 de octubre de 2013, sus funciones son jueves a sábado a las 8:00pm y domingos a las 6:00pm. Puede verificarse la dirección del Teatro de Bellas Artes acá. Si es partidario del teatro que lo saque de su lugar de comodidad vaya a ver este espectáculo.
La situación es esta: una mujer recibe una visita inesperada. El visitante intenta, justificado por la idea de un deseo tan grande como arbitrario, servirse sexualmente de ella. No se conocen. La mujer padece la violencia, pero consigue cambiar la situación. Su venganza es obligada. Nadie puede ayudarla, la justicia no existe para ella y posiblemente para nadie. Entonces, debe inventarla sobre el cuerpo del otro.
El dramaturgo, de manera audaz, ha ingeniado un ensayo sobre la violencia. ¿Es lícita en determinadas circunstancias? ¿cuál es el contexto social que la impulsa? ¿comprender su génesis nos obliga a tolerarla o nos da paso libre para ejercerla siempre y cuando sea en busca de justicia? Es un laberinto interminable el camino por donde transita el discurso de la puesta y nos obliga a los espectadores y espectadoras a estar en distintos lugares psicológicos al mismo tiempo y, como un reto insolente y grotesco, a tomar posición frente a lo que presenciamos (si es que tenemos el coraje o la lucidez).
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| Afiche oficial de la primera temporada de Ternura Suite en Costa Rica. |
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| Jahel Palmero y Momo Martín. Fotografía: Leonardo Sandoval. |
“Elijo servirme a mí y a nadie más. Elijo ser yo mismo la medida de orden y autoridad. Yo soy el poder. Yo. Elijo mandarme yo y no obedecer a otro. Yo. Elijo ser el patrón de mis impulsos. Yo. Yo elijo. Yo.” Visitante.
El juego que hay con los nombres es estupendo: él es todos los hombres, ella es todas las mujeres. Roles de víctima y victimario se van intercambiando como cambiarse un guante de látex, y el juego psicológico pareciera involucrarnos aunque no lo queramos. Ternura Suite es para mí un texto que habla de muchas cosas, pero entre ellas la violencia hacia las mujeres, específicamente la violación, es la que más me interesa. Porque la detesto. La odio incluso más que el homicidio. Y es así que pienso que el peso del personaje de ella radica en su capacidad de venganza. Por eso nos gustan tanto los personajes de la televisión o el cine o el teatro, porque pueden hacer lo que nosotros no: vengarse con alevosía. Por supuesto, miento si digo que el texto se queda aquí, como he dicho se pregunta muchas cosas, pero yo me dejo mi opinión hasta acá.
Ternura Suite termina temporada el 13 de octubre de 2013, sus funciones son jueves a sábado a las 8:00pm y domingos a las 6:00pm. Puede verificarse la dirección del Teatro de Bellas Artes acá. Si es partidario del teatro que lo saque de su lugar de comodidad vaya a ver este espectáculo.
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miércoles, 17 de julio de 2013
Adiós querido Cuco.
"Aquello que en la vida nos causa pena, al verlo representado nos da placer" dice Berta Hiriart.
En otro aspecto, el gran tema secundario que subyace a la puesta es el amor que se ha desarrollado a las mascotas. Perros, gatos y otros animales domésticos (gallinas, ¿por qué no?) se han convertido en seres importantes de las familias a los cuales también se les otorga derechos.
Por eso el cine y el teatro, y el arte en general, habla (y nos seguirá hablando hasta el fin de nuestros días) del amor y las relaciones humanas, en primer término, y de los sueños, las esperanzas y las frustraciones. En resumen, hablamos de la vida que es todo lo que tenemos y, por consiguiente, de la muerte que es el destino inevitable de todos los seres que venimos a este mundo. Es, por mucho, la única certeza de estar vivos. Linda ironía se le ocurrió a la vida.
A propósito, me recuerdo que Fernando Contreras lo dice hermosamente en su libro Cierto Azul: "El Futuro es el nombre que inventamos para sostener esta incertidumbre de estar vivos." En todo caso, esto será tema de otra entrada.
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| Afiche de la 1ᵅ temporada de Adiós querido Cuco, Costa Rica. |
Adiós querido Cuco es la obra infantil con la que su autora, Berta Hiriart, obtiene el Premio Nacional de Teatro para Niños en 2004 en México. No es para menos que haya obtenido este reconocimiento. El texto nos cuenta una historia conmovedora, "feliz y triste a un tiempo" (según uno de los pajarracos actores), la historia de Pola, una niña de 7 años que deberá enfrentarse a la muerte de Cuco, el amado perro de su abuela Titina. Pola tendrá que aprender a enfrentar su proceso de duelo, ese inevitable sufrimiento que atravesamos todos cuando perdemos un ser querido, atravesando diferentes etapas que le presentan retos diferentes: la negación, el pasmo, la rabia, la angustia, la tristeza, la culpa y por último la aceptación.
El texto está estupendamente estructurado. El hilo de la narración está a cargo de tres pajarracos locos, son éstos quienes se transforman en los personajes de Cuco, Titina y Pola y nos representan la historia. Las transiciones temporales son adecuadas y el texto presenta rompimientos bastante jocosos a cargo de los pajarracos, un humor que trasciende de lo "puramente" infantil sin duda. En general, la obra puede ser disfrutada por personas pequeñas y adultas por igual, al final el proceso de duelo lo enfrentamos a cualquier edad.
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| Marcela Jarquín, Andrés Blumberg y Xinia Rojas. Fotografía: Alexander Photography |
La puesta es dirigida por Andy Gamboa, actor formado en el Taller Nacional de Teatro de Costa Rica quien posteriormente viajó a México para especializarse en dirección. “En Costa Rica, no estamos acostumbrados a llevar a los niños al teatro, debido a la falta de espacios dedicados a ellos. O bien, solo se presentan obras que no dejan en ellos un mensaje real, haciéndolos creer que todo en esta vida se arregla gracias a seres mágicos. El nuevo teatro infantil, busca además de entretener, dejar en sus jóvenes espectadores una enseñanza”, dice el director.
El montaje es ágil y atractivo. La estética escogida para los elementos escénicos es colorida y tienen ese efecto (para los grandes) de hacernos recordar cuando mirábamos con ojos de niño. Con todo, los recursos son pocos pero suficientes y bien utilizados. Las actrices y el actor lograron imprimirle un ritmo fluido a la puesta. Director y actores logran crear imágenes que permanecen con nosotros.
En otro aspecto, el gran tema secundario que subyace a la puesta es el amor que se ha desarrollado a las mascotas. Perros, gatos y otros animales domésticos (gallinas, ¿por qué no?) se han convertido en seres importantes de las familias a los cuales también se les otorga derechos.
Adiós querido Cuco finaliza su segunda temporada este fin de semana, con función el domingo a las 11:00am en el Teatro Impromptu Giratablas, en San Pedro, Costa Rica. Sinceramente, espero que el futuro le depare más temporadas a esta puesta.
La vida (y la muerte) me han hecho escribir estas líneas al tiempo que enfrento el fallecimiento de una gran persona. Porque a veces el problema no es la muerte en sí sino las circunstancias en las que se da. Pero bueno, eso es otro tema. Retomo la moraleja de la obra que nos viene a bien: todo lo que empieza acaba, pero también todo lo que acaba trae algo nuevo.
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martes, 23 de abril de 2013
De fotografías, retoques e insensibilidades.
En las primeras semanas del año World Press Photo, en su edición 56, reconoció las que
considera las mejores fotografías de 2012. El premio a la mejor
fotografía periodística fue para Paul Hansen por su imagen titulada
"Funeral en Gaza", imagen que Hansen tomó durante los (siempre) recientes
ataques del ejército de Israel en territorios de
Palestina. En la fotografía se retrata el dolor y la ira que han
generado la muerte de dos niños cuyos cuerpos son llevados hacia su
funeral.
En días posteriores al anuncio se dio una polémica, especialmente en
medios digitales, y respondía a un debate en dónde se criticaba el uso de
retoques digitales por parte del fotógrafo valiéndose, probablemente,
del siempre versátil y amistoso Photoshop (es ironía, no publicidad disfrazada). Leí un artículo de opinión en
particular que me generó mucho interés, tanto por su fondo como por su
título: "La post-producción del dolor", firmado por Ana Prieto.
Sirvan pues estas líneas para hacer respuesta del mencionado artículo y esbozar algunas inquietudes que me parecen pertinentes tratar.
Las críticas.
La autora del artículo cuestiona los retoques dados a la fotografía de Hansen afirmando que lo "lo cierto es que el conjunto pareciera tener la dirección de arte de una película de acción de Hollywood, y los hombres y los niños quedaron bajo una pátina digital que los equipara a inmaculados y estáticos muñecos de cera". Agrega que "Hansen consiguió que todo lo que debería ser insoportable –dos niños asesinados, una familia destrozada, un conflicto sin fin– se vuelva perfectamente tolerable".
Según Prieto, el poder de la fotografía está menguando a cada instante porque es "fácil de ver", cuando en realidad debería de ser insoportable mirarla. La idea general creo que se resume cuando enfatiza: "Funeral en Gaza no exige al espectador nada más que la ocasional frase indignada “¡qué barbaridad!”, antes de dar vuelta la página y olvidarla por completo".
Lo que cuenta Funeral en Gaza (lo que vemos y no vemos).
Dejemos en el aire un momento las críticas y centrémonos en el contenido de la fotografía, ese que subyace a los retoques o la técnica. ¿Qué muestra la fotografía? Muestra una escena cotidiana de oriente medio, de Palestina específicamente. Muestra rostros de dolor y, sobretodo, ira y rabia. Dos cuerpos pequeños con rostros amoratados y dolorosos absurdamente inertes en sábanas, dos vidas humanas aún en formación arrancadas salvajemente de este mundo por la no menos absurda cualidad humana de estropearse a sí misma. Dos víctimas completamente inocentes, porque si existen los inocentes son justamente los niños y niñas, de una política asesina irónica y grotescamente similar al peor holocausto del siglo XX, en el que también, no está demás decirlo, murieron seres inocentes.
Muestra manos en alto que apuntan al cielo, invocando quizá la gracia divina que les salve de esta terrenalidad inferna. Una ciudad en ruinas, una ciudad que no termina de hacerse nunca porque no la dejan, una ciudad a la que le cortan una y otra vez las raíces. La fila de hombres, y solamente hombres, se fuga en el horizonte, como en un camino que no sabemos ni cuándo ni cómo ni dónde va a terminar. Las mujeres, ausentes, probablemente están obligadas a sufrir su dolor de forma más "discreta".
La fotografía, pues, no deja de mostrar todo lo que Prieto define como "lo que debería ser insoportable".
Retoque, indiferencia e insensibilidad.
¿Es Funeral en Gaza realmente "tolerable"? ¿qué es lo que realmente hace "fácil de ver" la fotografía de Hansen? ¿Es el retoque digital una herramienta válida?
En 1936, cuando no existía ni por asomo el retoque digital, el ahora mítico fotógrafo Robert Capa, cofundador de la mítica sobre lo mítico Agencia Magnum, tomó una fotografía que quedaría en los anales de la historia de la fotografía y la política. En ella se muestra a un miliciano del bando republicano durante la Guerra Civil Española en el justo momento en que cae abatido por un disparo.
En un momento donde le retoque era poco frecuente la fotografía de Capa fue ampliamente discutida y refutada. Hasta tiempo muy reciente la fotografía seguía siendo centro de estudio sobre su veracidad, o al menos sobre la identidad del miliciano dando por sentado de que en efecto se trata del retrato de una muerte sin montaje de por medio.
Esta fotografía, que en esencia evoca las mismas emociones y sinsentidos que la de Hansen, y que podría ser más macabra por cuanto retrata el instante preciso de una muerte humana es hoy por hoy "fácil de ver". ¿Es impactante?, claro que lo es y probablemente generó muchas preguntas como las que Prieto señala al final de su artículo en los espectadores de la época. Pero lo cierto es que sin montaje alguno, sin "embellecimiento" de por medio, la fotografía es vista como cualquier otra.
Así las cosas, no creo que el retoque digital constituya ningún pecado siempre y cuando no atente contra el contenido o significado mismo de la imagen capturada. Funeral en Gaza, Muerte de un miliciano y muchas otras se convierten en fotografías "tolerables" no porque tengan una bella iluminación o una composición poética, se convierten tolerables porque la sociedad humana ha movido los parámetros de lo que es significativo y lo que no, y en ese proceso los medios de prensa (especialmente los sensacionalistas), las televisión (basura y tal vez la no basura) que lleva décadas exponiéndonos a violencia ficticia, la inmediatez de las comunicaciones que es proporcional con la velocidad con la que ahora olvidamos las cosas, el sistema de mercantilización de la información y el individualismo moderno que se basa en valores cuantificativos, han tenido un peso fundamental; y esto sólo por mencionar por encima los factores que han intervenido.
El verdadero problema, el verdadero reto que tenemos como sociedad humana, es de índole moral: luchar contra nuestra propia insensibilidad e indiferencia ante el dolor y los problemas de los demás, y ésto es muchísimo más complicado que el problema ético que supone el uso/abuso de los retoques digitales. No se trata de llorar amargamente ante cualquier imagen (porque sobraría quien recurriera a la estrategia de mejor no saber para no sentir) lo que constituye el extremo opuesto a mirar las noticias para alimentar el morbo. Se trata de, al menos, levantar la bandera de la dignidad contra cualquier injusticia en cualquier parte del mundo. Pero todo parece indicar que a eso, a la dignidad humana, también las empresas y los gobiernos le han puesto precio; y también pareciera que hay dignidades que valen más que otras dependiendo del lugar del mundo en el que te tocó nacer. Y esto último también remite a otro elemento más, lo que defino como el sufrimiento selectivo. ¿Cuántos habrán mirado con dolor profundo imágenes del reciente atentado en Boston pero "pasan la página" de Afganistán, Iraq, Palestina... ?
De este modo, considero que el problema no está en el "mejoramiento estético" de la fotografía de Hansen sino en la lectura individual que se le da. Cualquier persona que esté profundamente indignada, no digamos sólo con la agresión israelí al pueblo palestino, sino con la muerte injusta y brutal de cualquier persona en el mundo se conmoverá en su conciencia con la fotografía de Hansen o con cualquiera que retrate la crudeza y la maldad a la que también pueden llegar las personas.
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| "Funeral en Gaza" (2012), Paul Hansen. |
Sirvan pues estas líneas para hacer respuesta del mencionado artículo y esbozar algunas inquietudes que me parecen pertinentes tratar.
Las críticas.
La autora del artículo cuestiona los retoques dados a la fotografía de Hansen afirmando que lo "lo cierto es que el conjunto pareciera tener la dirección de arte de una película de acción de Hollywood, y los hombres y los niños quedaron bajo una pátina digital que los equipara a inmaculados y estáticos muñecos de cera". Agrega que "Hansen consiguió que todo lo que debería ser insoportable –dos niños asesinados, una familia destrozada, un conflicto sin fin– se vuelva perfectamente tolerable".
Según Prieto, el poder de la fotografía está menguando a cada instante porque es "fácil de ver", cuando en realidad debería de ser insoportable mirarla. La idea general creo que se resume cuando enfatiza: "Funeral en Gaza no exige al espectador nada más que la ocasional frase indignada “¡qué barbaridad!”, antes de dar vuelta la página y olvidarla por completo".
Lo que cuenta Funeral en Gaza (lo que vemos y no vemos).
Dejemos en el aire un momento las críticas y centrémonos en el contenido de la fotografía, ese que subyace a los retoques o la técnica. ¿Qué muestra la fotografía? Muestra una escena cotidiana de oriente medio, de Palestina específicamente. Muestra rostros de dolor y, sobretodo, ira y rabia. Dos cuerpos pequeños con rostros amoratados y dolorosos absurdamente inertes en sábanas, dos vidas humanas aún en formación arrancadas salvajemente de este mundo por la no menos absurda cualidad humana de estropearse a sí misma. Dos víctimas completamente inocentes, porque si existen los inocentes son justamente los niños y niñas, de una política asesina irónica y grotescamente similar al peor holocausto del siglo XX, en el que también, no está demás decirlo, murieron seres inocentes.
Muestra manos en alto que apuntan al cielo, invocando quizá la gracia divina que les salve de esta terrenalidad inferna. Una ciudad en ruinas, una ciudad que no termina de hacerse nunca porque no la dejan, una ciudad a la que le cortan una y otra vez las raíces. La fila de hombres, y solamente hombres, se fuga en el horizonte, como en un camino que no sabemos ni cuándo ni cómo ni dónde va a terminar. Las mujeres, ausentes, probablemente están obligadas a sufrir su dolor de forma más "discreta".
La fotografía, pues, no deja de mostrar todo lo que Prieto define como "lo que debería ser insoportable".
Retoque, indiferencia e insensibilidad.
¿Es Funeral en Gaza realmente "tolerable"? ¿qué es lo que realmente hace "fácil de ver" la fotografía de Hansen? ¿Es el retoque digital una herramienta válida?
En 1936, cuando no existía ni por asomo el retoque digital, el ahora mítico fotógrafo Robert Capa, cofundador de la mítica sobre lo mítico Agencia Magnum, tomó una fotografía que quedaría en los anales de la historia de la fotografía y la política. En ella se muestra a un miliciano del bando republicano durante la Guerra Civil Española en el justo momento en que cae abatido por un disparo.
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| "Muerte de un miliciano" (1936), Robert Capa. |
Esta fotografía, que en esencia evoca las mismas emociones y sinsentidos que la de Hansen, y que podría ser más macabra por cuanto retrata el instante preciso de una muerte humana es hoy por hoy "fácil de ver". ¿Es impactante?, claro que lo es y probablemente generó muchas preguntas como las que Prieto señala al final de su artículo en los espectadores de la época. Pero lo cierto es que sin montaje alguno, sin "embellecimiento" de por medio, la fotografía es vista como cualquier otra.
Así las cosas, no creo que el retoque digital constituya ningún pecado siempre y cuando no atente contra el contenido o significado mismo de la imagen capturada. Funeral en Gaza, Muerte de un miliciano y muchas otras se convierten en fotografías "tolerables" no porque tengan una bella iluminación o una composición poética, se convierten tolerables porque la sociedad humana ha movido los parámetros de lo que es significativo y lo que no, y en ese proceso los medios de prensa (especialmente los sensacionalistas), las televisión (basura y tal vez la no basura) que lleva décadas exponiéndonos a violencia ficticia, la inmediatez de las comunicaciones que es proporcional con la velocidad con la que ahora olvidamos las cosas, el sistema de mercantilización de la información y el individualismo moderno que se basa en valores cuantificativos, han tenido un peso fundamental; y esto sólo por mencionar por encima los factores que han intervenido.
El verdadero problema, el verdadero reto que tenemos como sociedad humana, es de índole moral: luchar contra nuestra propia insensibilidad e indiferencia ante el dolor y los problemas de los demás, y ésto es muchísimo más complicado que el problema ético que supone el uso/abuso de los retoques digitales. No se trata de llorar amargamente ante cualquier imagen (porque sobraría quien recurriera a la estrategia de mejor no saber para no sentir) lo que constituye el extremo opuesto a mirar las noticias para alimentar el morbo. Se trata de, al menos, levantar la bandera de la dignidad contra cualquier injusticia en cualquier parte del mundo. Pero todo parece indicar que a eso, a la dignidad humana, también las empresas y los gobiernos le han puesto precio; y también pareciera que hay dignidades que valen más que otras dependiendo del lugar del mundo en el que te tocó nacer. Y esto último también remite a otro elemento más, lo que defino como el sufrimiento selectivo. ¿Cuántos habrán mirado con dolor profundo imágenes del reciente atentado en Boston pero "pasan la página" de Afganistán, Iraq, Palestina... ?
De este modo, considero que el problema no está en el "mejoramiento estético" de la fotografía de Hansen sino en la lectura individual que se le da. Cualquier persona que esté profundamente indignada, no digamos sólo con la agresión israelí al pueblo palestino, sino con la muerte injusta y brutal de cualquier persona en el mundo se conmoverá en su conciencia con la fotografía de Hansen o con cualquiera que retrate la crudeza y la maldad a la que también pueden llegar las personas.
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