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lunes, 11 de enero de 2016

Partida.

Regreso a este espacio entre el norte y el sur. A pesar de mi voluntad. A pesar del pesar.

El teléfono vibra.

"Desde que te fuiste murió Bowie y detuvieron al Chapo.
Es un desastre".

¿Cómo hace uno para que no se le contorsione el corazón?

lunes, 15 de septiembre de 2014

Su nombre no es María.

Tal vez no la primera pero sí la primera, la más significativa. María, mujer, tomada por el dios/hombre, violentada por su vientre, despojada de la propiedad y soberanía de su cuerpo. Arrebatada de su voluntad, silenciada su voz, martirizado su futuro, designado su destino para siempre, el para siempre que dure esto que es y que le llamamos existencia, por los siglos de los siglos, aunque todo se resuma en una mota de polvo de la existencia misma, una más grande, inmensa, de la cual somos parte en la más completa ignorancia del sentido de las cosas.

Pero dentro de nuestro sentido, mínimo y diminuto que es ya suficiente, María fue robada de sí misma y con ella muchas más que vendrán después, cientos de miles, arrebatado su cuerpo, el único medio de transporte para atravesar esta vida que es lo único que tenemos. Cientos de miles en cientos de miles de lugares. Y muchas se llamarán María. María-madre. María-esposa. María-hija. Y a muchas les remarcarán la propiedad con segundos nombres: Dolores, Auxiliadora, Magdalena, Trinidad, de los Ángeles, Esperanza, de Dios.

Y ella, frente a mí, me dice que su nombre no es María, que no lo acepta, que no puede aceptar llamarse así. Ella, decididamente frente a mí, lo reniega con la misma vehemencia que tiene la lluvia al caer. Y yo la miro, la escucho, casi sin moverme, porque su discurso repica dentro mío, me mueve cosas que sólo se mueven cuando suena el tono de las verdades. A partir de ahora y para siempre ha conseguido mi más absoluta atención. Para mí también ha dejado de llamarse María. Sólo existe lo que es nombrado. Da un sorbo para mojar su voz de terciopelo y aprovecho el instante para ver sus labios besar la botella.

(Tal vez no me estás diciendo nada de esto, tal vez no te entiendo realmente, pero es lo que me evocás, es lo que torpemente comprendo sin perder la cordura de escucharte. Cada palabra que vas diciendo se me revuelve con otras que tengo en la cabeza. Todo yo, todo lo que soy, se dirige hacia vos y por un rato me hacés creer que es posible que existan los linajes de luz.)

Reivindica su arte. En él se alborotan tres generaciones que ama. Tres diferentes mujeres que convergen en el mismo punto de existencia, que convergen en ella. Y en realidad estas generaciones son todas las generaciones, porque ella es el sentido correcto de ser bendita entre todas las mujeres. Ser mujer. Internamente confieso no saber lo que es eso, no poder entenderlo cabalmente. Pero lo siento cuando ella lo dice, lo comprendo y lo vivo a través de las palabras que me está diciendo, de frente, que avanzan una detrás de la otra como la bruma, con el mismo aliento que exhalan las montañas al amanecer.

Ella me hace ver que se ha apropiado de sí misma. Que es única, que posee el control de su vida. Ella es una amenaza para muchos y lo sabe. Se ha reivindicado, ha reivindicado el ser mujer apropiándose de su cuerpo. Habla de él, de su simbolismo, del uso metafórico y literal de su desnudez. De su cuerpo. Porque su cuerpo puede ser cuando está sin ataduras, sin ropas y sin miradas que juzgan. Al poseerse a sí misma ha levantado la bandera de cientos que les arrebataron ese derecho. Hace una pausa para volver a beber, y es probable que yo no esté disimulando la admiración que siento y que se me quiere salir por la garganta.

(Ojalá tuviera la energía que hay en vos para romper cadenas.)

Termina de hablar, ha dicho cuanto tiene que decir por ahora. Yo guardo silencio. Todo este tiempo la he mirado más allá de esta mesa que compartimos, de esta mesa que la separa y la acerca a la vez. Ahora miro sus ojos. Dos girasoles gigantes, que miran más allá del sol. Cómo desearía regar esos girasoles cualquier mañana de verano, cualquier noche de relámpago. Cómo quisiera llenarlos de color y darles excusas suficientes para que de ellos brote abundante el fuego de la vida, un fuego que le sirva para incendiar todos los caminos por los que decida caminar.

Vuelvo a la mesa, vuelvo a esta noche que aún es joven. Aterrizo las ideas. No puedo resumir todo lo que de ella he aprendido. Doy un sorbo de mi vaso. Sonrío. "Te admiro y te respeto", es todo cuanto digo y con ello pretendo decir todo lo que no podré decir hasta pasado el tiempo necesario para saber cuáles son las palabras correctas.

domingo, 25 de agosto de 2013

Soldado por necesidad.

Soldado por necesidad. Soldado porque sólo eso se podía ser. Detenido en medio de la calle escuchaba el acechante algarabío del a manifestación. Pronto darían la vuelta en la esquina y serían visibles. Manifestantes por necesidad. Manifestantes porque qué ya no se podía aguantar más. El hambre no espera. La muerte no tiene feriados ni vacaciones.

Sus manos ya no amasan pan, ni forjan el hierro, ni mesclan piedra, ni empacan nada. Sus manos se volvieron frías. El calor de la herramienta quedó atrás. Como el calor de la familia, como el amor, la esperanza. Soldado por necesidad.

¿Por necesidad?.

Atrás el palacio de gobierno. Vacío. Estéril. De colores y valores cambiantes de acuerdo a quien lo mira. A los lados rifles, máscaras que limpian el aire pero no la conciencia. Al fondo un pie, dos, cientos. Banderas que se asoman rebeldes con colores estridentes. El dedo en el gatillo. Los dedos en los gatillos. Sudor en la frente. Nubarrones negros y pesados en lo alto. Vacío en el corazón. Rabia. Odio.

¿De dónde, de quiénes, de cuántos?

Retumbos, cantos, reclamos. Sintió miedo, un pánico que estrangula de golpe. El dedo apretando más. Los dedos apretando más. Las banderas que se alzan más. Los gritos se oyen más. El presidente más lejos. Los poderosos nadie sabe dónde están. Su primer encuentro. Su primera bala esperando despertar el silbido sutil y estúpido de la muerte. Las balas esperando.

Voces roncas de todas las edades. Dignidad. Lucha. Hastío. Deseos de muerte. Deseos de vida. Soldado por necesidad… Cerca, más cerca voces que forman una. Un edificio detrás. Un montón de hormigón y hierro frío detrás. Miradas dispuestas a todo. Miradas sin nada en los ojos. Anhelos de poder y justicia. Delirios de poder. Cerca. Más cerca. Muchos nadies. Otro poco que piensan no serlo. El presidente seguro.

Cuerpos sin almas debajo. Almas con un poco de cuerpo encima. Palos. Piedras. Gritos. Disparos. Sangre. Cae un cuerpo. Caen dos. Caen cientos. Hijos, primos, padres. Madres. Y la bala esperando el blanco adecuado. Sudor. Temor. Duda. Pánico. Odio. Injusticia. Maldito presidente y suelta la bala. Cae un cuerpo. Un hijo. Su hijo.

Soldado por necesidad.

sábado, 12 de enero de 2013

O mío como siempre.

Tengo un amigo, cuyos adjetivos son "buen" y "poeta". Le conozco y le reconozco desde hace tiempo. No en pocas ocasiones me identifico en su letra, me reflejo y, a veces, me diluyo. Si, diluir es el término que busco. He pasado lugares y momentos inverosímiles con él, pero en su poesía vive más la realidad de lo que podría sospecharse.

Porque este amigo ha encontrado una nueva voz, le celebro en esta ocasión. Le odio por postergar tanto la publicación de su obra, pero me consuela compartirla acá.

Provecho.

---o---

¿Serás aire, brisa
o un anhelo?;
tuyo acaso;
o mío como siempre,
hoy la oscuridad
puede y es distancia,
un mar interno
poblado de ojos,
ausencia
que reconcilia lo roto
con aquello que no dejamos salir;

Resumiendo:
lo posible
es una sospecha
la sombra que crece
hasta que la espera es imposible
manos que miden
mientras invoco
en silencio
muy a mi pesar
al dios pequeño
que salta de mi pecho.

¿Qué será de nosotros?
no somos más
que un pronombre insospechado
inaudible a cualquier lenguaje;
sueño a solas
seamos
una sombra común
con un árbol de por medio
dos manos incógnitas
con los dedos aferrados
inesperados
a ras de tierra.

Manuel Luna

lunes, 18 de junio de 2012

El Generalito.

De pequeño no me gustaba el teatro infantil. Me gusta de un tiempo para acá, ahora que el niño que fui se perdió por caminos que desconozco. El porqué de esta situación también lo desconozco. Quizá sea (me digo a modo de autoconsolación) porque ahora veo todo lo bello que se puede esconder en un buen texto y una hermosa puesta. Y precisamente, El Generalito es un excelente ejemplo.


Jorge Díaz, dramaturgo nacido en Argentina, de padres españoles, chileno de crecimiento y español por exilio, se ganó, con el tiempo, la etiqueta de autor del absurdo. También trabajó el género de obras infantiles. Díaz escribe inicialmente este texto como una clara alusión a la dictadura de Pinochet. Evidentemente censurada en Chile, la pieza es una bella reflexión de la libertad, un llamado a la solidaridad entre los pueblos y una denuncia antimilitarista. Los ejércitos, el abuso de autoridad y el delirio de poder que conllevan, son satirizados por Díaz, ilustrados como meros instrumentos de quienes realmente gobiernan, que son siempre los que no muestran el rostro.


La obra, hábilmente interpretada por José Morales, Fernando Montero, Erick Monge, Marco Murillo y América Reyes, narra la historia de un pueblo que es obligado a vivir de rodillas por orden de El Generalito. Sólo el gris y el negro son los colores permitidos a sus habitantes, hasta que un día Juan descubre una paloma blanca en pleno vuelo (bella metáfora). A partir de este hecho, los habitantes del pueblo desatan la Revolución de los Colores, ante lo cual El Generalito ordena la inmediata represión. Desde ese momento, el pueblo decide nunca más ponerse de rodillas, vivir de pie.

Se trata de una obra infantil, con canciones y toda la cosa, y es una puesta que mantiene la atención de principio a fin y que es verdaderamente disfrutada por niños, niñas y adultos.


Quizás porque de entre todas las luchas sociales en Latinoamérica, la del Chile de Allende ocupa un lugar especial en mi memoria histórica, esta obra me mueve a la emoción. En todo caso, los tiempos que corren (en prácticamente todo el mundo) demandan al arte escénico el retomar su labor de denuncia, de promover el debate de ideas, el ejercicio del pensamiento en todos y todas, sin que con ello deba de recurrir al panfleto. Hoy día, que los ciudadanos y ciudadanas de los todos países tienen más en común entre sí que con sus propios gobernantes o grupos de poder, es indispensable hacer un llamado a la hermandad sin fronteras, a la defensa de los Derechos Humanos. Estoy seguro que Gabriel Ochoa, director de la puesta y hondureño que sabe en experiencia reciente de lo que habla, comparte conmigo estos sentimientos y ha sido una de sus motivaciones para llevar a escena este que creo un texto inmortal.

Todo lo dicho hasta acá podría levantar suspicacias en algunos. No se malgaste el tiempo buscando intenciones de adoctrinamiento... Se trata, simplemente, de un texto que, independientemente de las ideologías, hace un llamado a la paz y a la justicia; valores humanos universales.

Costa Rica abolió el ejército como institución permanente desde 1949. ¿Está por ello libre de autoritarismos y represiones?. Los hechos de los últimos meses parecieran indicar que no es así. Mayor vigencia para esta puesta.