martes, 19 de julio de 2011

The black cloud.

Una única circunstancia es lo suficientemente poderosa para provocar que me detenga y me desvíe de mi camino: libros en baratillo.

Yo padezco, lo que podría denominarse, ansiedad literaria una zozobra cuasi incontrolable cuando hay libros en rebaja, esos que suelen ponerse en cajas de cartón en las afueras de la librería, como insinuando un ruego para que los transeúntes hagan el grandísimo favor de llevárselos muy lejos. Me es, pues, menester girarme y bucear en busca de objetos impresos que valgan la pena... y aquí es donde empiezan los problemas, porque para mí muchos libros tienen un valor en sí mismo.

Pero bueno, este no es el momento de debatir sobre la naturaleza de los libros; debo limitarme a relatar que cierto momento, hace pocos días, me encontré un libro que, con una certeza instantánea, supe que debía de tener. Resultó este libro llevar por título La Nube Negra, y su autor ser un tal Fred Hoyle, que, además de escritor, fue matemático y astrofísico.

¿Cómo, queridos y queridas cómplices, iba a dejar pasar la adquisición de este ejemplar? Hubiera sido imperdonable, sin duda. Ya algo similar me había ocurrido, hace varios años, cuando me topé un libro homónimo a un disco de Sabina, El hombre del traje gris de Sloam Wilson.


Pues bien, cómo se habrá podido deducir, se trata de un libro de ciencia ficción. Según la presentación, Hoyle es uno de los autores más sobresalientes de la ciencia ficción tipo hard en Europa. (Uno no deja de preguntarse si será invento de la editorial para asombrar al comprador o por el contrario se trata de una perogrullada, que deriva en sorpresa para nosotros tan alejados de las realidades de occidente, a pesar de que muchos pretenden ser parte de).

Yo, primerizo en la lectura del género, debo decir que quedé bastante satisfecho con el resultado. A pesar de un lenguaje moderadamente machista (cómo es de esperar de un libro de 1957) y de una inclinación cientifico-céntrica (cómo es de esperar de un científico de cualquier época), la historia resulta cautivadora, atrapa inmediatamente. Y es que el hecho de que un libro te atrape, te obligue a seguir leyendo hasta el final, siempre se agradece.

La historia invita a abrir la cabeza, a repensar no sólo la vida humana, sino el concepto de vida en general en un contexto literalmente universal que escapa a nuestra primitiva comprensión humana. El papel de la política, su oposición al pensamiento racional, la naturaleza de la vida en sociedad, las jerarquías sociales, son algunos de los temas que interesan al autor.

La cuestión central, la reflexión a la que nos invita el autor, es clarísima y explícita al final de la historia. Contarla acá sería tanto como contar el final. Pero para no dejar con la duda completa, y deseando que también se encuentren este libro en algún baratillo escondido y no lo piensen dos veces para obtenerlo, les dejo un pequeño extracto del inicio del capítulo nueve. Salud.

"Es curioso en qué gran medida el progreso humano depende del individuo. Los seres humanos, que alcanzan a miles de millones, parecen estar organizados en una sociedad similar a la de las hormigas. No obstante, esto no es así. Las ideas nuevas, el ímpetu de todo desarrollo, nace de persones individuales, no de corporaciones o estados. Las ideas nuevas, frágiles como flores de primavera, fácilmente quebradas por la amenaza de la multitud, pueden, sin embargo, ser protegidas por el caminante solitario."

Ediciones B
España, 1988
Traducción Gemma Carvajal

1 comentario:

  1. Lo voy a leer. Te recomiendo "Planilandia" de E. A. Abbott

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