jueves, 20 de octubre de 2011

Más abajo de la piel.

La segunda opción de título para esta entrada era: "Del médico-escritor que también fue presidente (y antes había salido en la tele)".

Abel Pacheco es de esos personajes que no pasan desapercibidos. Pacheco, como médico psiquiatra, levantó (por decirlo de alguna manera) las condiciones de atención de los pacientes del Hospital Nacional Psiquiátrico de Costa Rica. Podría presumirse que los médicos recurren a la escritura pues sus profesiones les impiden decir lo que realmente sienten... aunque la mayoría de los médicos no sean anuentes a escribir... A escribir nada, como lo demuestran las mundialmente famosas caligrafías de las recetas.

Como presidente del país, bueno, algunos dicen que hubo mejores si se quiere ver de ese modo. Sus errores políticos serán tristemente célebres, aunque podría igualmente partirse del supuesto de que es difícil gobernar un país cuando tus ministros te renuncian cada tres meses (y en alguna ocasión todos en bloque). Con todo, abelito, como cariñosamente le llaman los costarricenses (su personalidad bonachona de abuelito paternal caló a través de sus programas de televisión), tiene cualidades humanas bastante extrañas de encontrar en la vida política. Pero es menester dejar este tema, ocupémonos de lo que importa, su libro.

La infancia de Pacheco fue determinante para el resultado de su narrativa. Él creció en la provincia caribeña de Limón. Limón viene a ser el epicentro de la cultura afrodescendiente del país. La historia de Limón es particular, precisa e imprecisa, es la historia de la diáspora africana en el mundo. Como se ha podido suponer, Limón ha sido la provincia más marginada del país, incluso desde antes de su creación oficial.

Pero además, Limón llora en la historia del tercer mundo ser la protagonista de la génesis de las Banana Republic. Fue allí, en ese pedacito de Centroamérica, que nació la United Fruit Company.

Con Más abajo de la piel, la literatura de Pacheco se muestra atractiva y sintética (pero no superficial), cargada de referencias a la negritud; más bien, es una voz que denuncia la diferencia racial evocando la humanidad que llevamos, precisamente, más abajo de la piel. Todo ello sin ser necesariamente panfletaria.


En el libro encontramos imágenes hermosas como "Limón es cascada verde. Sonata grito en negro mayor", "Los tambores se mueren de la risa y contagian con la ilusión de que se fue amo-chilillo, de que murió dólar-garrote" y "Los dioses de los mares piden sangre morena para que siempre puedan tener ritmo las olas". Particularmente hermosa la última, ¿cierto?.

El libro, compuesto por relatos cortos (unos mejores que otros como es natural) es un buen acompañante. Es un retrato a la vez temporal y atemporal de una dinámica social que, tal vez, subyace en la cotidianeidad. Porque al fin y al cabo, la historia la seguimos arrastrando, aunque la mayoría no se de cuenta de ello.

De todas las facetas de Pacheco, la que se respeta sin excepción es la del escritor.

Y bien, acá una muestra más exacta de lo que hablamos. Provecho.

"El visitante.
A Ignacio Ríos
.


El pueblo se aferra a la línea y respira por los rieles.
El único hecho importante es la llegada del tren.
Desde las cinco de la tarde, todos los rostros miran línea abajo esperándolo.
Cuando llega hay expectación que nadie sabe explicar bien a bien. Es como si todos esperaran que de los carros se va a bajar alguien o algo, que va a resolverlo todo.
No hay desilusión cuando parte sin dejar más que un paquete de periódicos y algún agente viajero.
Es igual que jugar lotería, todos dicen "tal vez la próxima" y no hay problema.
Un día, del tren se bajó el diablo. Nadie supo si aplaudir o rechiflar.
Hubo junta de notables y Satanás se sentó con ellos a conversar y tomar tragos.
Había curiosidad y corría el rumor de que venía por el alma de cuatro prestamistas que lo saludaron muy cariñosamente, muy en confianza.
Unos decían que venía a montar una cantina.
Otros que a hacer política.
Los de más allá, que a funda otra Compañía Bananera.
Los más, que a sacar madera de los bosques, pero no, porque ya solo iban quedando guarumos, que no sirven.
El pueblo se asombró cuando el Alcalde comunicó la noticia:
-Señores: al Diablo lo sacaron del infierno y lo mandaron aquí tres meses..... por castigo."

Editorial Costa Rica
Costa Rica, 1980

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