La nube negra
Siempre habrá nubes negras en el horizonte, sea éste real o metafórico. Cada quien carga las suyas encima; al final pueden traer buenas noticias si algo o alguien espera al otro lado. En otras ocasiones somos nosotros mismos una nube negra, cargadísima de lluvia, de electricidad. ¿Por qué este sitio, por qué ahora? Alguien por ahí ha dicho que todos necesitamos un espacio propio donde poner nuestras postmodernidades y reliquias aparentes. No le falta razón.
lunes, 28 de mayo de 2012
Náusea.
La gente pasa, deprisa, no se miran; tampoco miran otras miradas, tampoco miran la ausencia de estrellas en el cielo; un par de brazos abate el aire, el bus, bueno, se fue, el que siga; unos dedos, muy juntitos, no se mueven suspendidos en el aire, a la altura de la cabeza, no tienen ninguna moneda, esperan la llegada de alguna... de al menos una moneda; pareciera que no tuvieran uñas, pareciera que no tuvieran nudillos, son sólo unos dedos, nadie los mira ni los deditos ni lo que pueda haber al extremo de los deditos.
La gente pasa, muy deprisa, parece que va a llover; están al borde de correr, miran el reloj, eso sí lo miran; es esto un mareo, una náusea, todo va tan rápido que dan náuseas, es necesario ver a otro lado, es necesario mirar, mirar y evitar las estelas de la gente, que se mueven, que marean, que ni a putas se miran; podría decirse que las estelas, que cada trayecto, son uno, son mil, que se van quedando atrás y se unen hasta formar un sólo manchón gris, oscuro, asfixiante.
La gente pasa... Me detengo, al detenerme miro, siento ganas de vomitar porque me he detenido. Me consternan profundamente las bombas de jabón que me están rodeando y van cayendo lentamente, van flotando sorteando hombros, paraguas, manos de niños; me consterno profundamente al mirarlas y las sigo mirando para no vomitar, su movimiento es tan sutil, tan delicado y suave; me consterna saber que están ahí y no poder ubicar de dónde vienen. La gente pasa, deprisa, y no las llega a ver.
martes, 22 de mayo de 2012
I love Clint Eastwood.
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| Fernando Bolaños. Foto: Sole Rodríguez |
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| Pedro Sánchez. Foto: Sole Rodríguez. |
La historia gira en torno de dos personajes: uno que fantasea con ganarse el premio mayor de la lotería y en el que vemos reflejados los excesos consumistas de la sociedad actual, un delirio de grandeza, de darse importancia, de buscar la satisfacción personal no en el interior ni en los demás, sino más bien en las apariencias sociales; el segundo personaje nos cuenta su rutina diaria, sus dudas e inquietudes, nos hace formar parte de su solitaria vida hasta que un encuentro le hará cambiar la manera de ver las cosas.
Ambos personajes podrían ser uno sólo, o desconocidos, o bien ser álter ego del otro. Yo prefiero que cada quién le encuentre el sentido que mejor le conviene. Las historias de sus vivencias hacen que el público vea reflejadas muchas de sus situaciones y ensueños diarios. La obra avanza con excelente ritmo hasta un punto sin retorno en el que ambos personajes creerán descubrir el verdadero sentido de la vida.
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| Foto: Sole Rodríguez. |
Clint Eastwood es un personaje más dentro de la historia. Se hacen constantes referencias tanto a él como a su obra y la obra en la que ha participado como actor, especialmente Harry El Sucio. Clint deviene en un ícono, un símbolo para una sociedad que cambia demasiado deprisa.
Esta es obra que hay que ver, es un espectáculo que satisface los sentidos y que, además de hacernos reír (y hasta llorar acaso) nos hace pensar, cosa que se agradece en los tiempos que corre.
Para detalles más a profundidad del espectáculo acá un link con una entrevista realizada al director de la puesta, Pablo Morales, en la emisora local 104.7.
Hoy en día Miguel habita en una España que nos duele a todas y todos que no creemos en fronteras ni en banderas; una España que es el reflejo de Europa, es reflejo del mundo, este mundo en donde trabajamos para pagar las facturas de unos pocos. Miguel está allí y mientras, probablemente, se caga de frío en el próximo invierno, su obra comienza a internacionalizarse, cosa que me alegra mucho por él y por todos nosotros.
domingo, 22 de abril de 2012
Sistema.
Llego. Me pongo a trabajar con mi jefe. Revisamos el examen. Juntos. Yo me juego, creo, la legitimación frente a mi jefe. Que se de cuenta que tengo los conocimientos para estar donde estoy. Porque, al fin y al cabo, el sistema ya me ha legitimado. Ya tengo un cartón que dice que soy profesor. Uno más.
Pero yo no me siento uno más, a pesar de los pesares. Yo no hago lo que hacen los demás en mis clases. Yo busco algo más. Trascender, no yo, las ideas, la realidad. Utópica, pretenciosa, egocéntrica, social y legítima aspiración. Todo en uno y uno en todo, porque la realidad es contradictoria.
Yo creo jugarme muchas cosas. Pero quizás...
Terminamos de revisar el examen. Setenta ítems. Setenta equis puestas en la opción correcta determinan si los y las que esperan afuera, y muchos otros que no están allí, han aprobado. Pasar. Pasar el examen. El título. El bachillerato. Ese bachillerato que el sistema formal les negó. Por pereza, por hambre, por necesidad, por confusión, por su culpa... Cuántas son las razones que pueden haber... El punto es que están ahí. Bachillerato por madurez. ¿Madurez?. ¿Qué es eso?. ¿Aprobar... qué?. ¿Según quién... quiénes?
Los resultados ya están en la pizarra. Empiezan a pasar. Comienzan a comparar respuestas. Mi jefe me dice que me quede. Que aclare dudas, si es del caso. Y yo lo hago. Y me empiezo a dar cuenta. Porque los veo. Porque los veo contar los puntos. Esas cosas que ya sabés, que entendés que pasan en el sistema, en la realidad. Pero una cosa es saberlo y otra es verlo, en sus caras, en sus gestos, en sus cuerpos.
Ha llegado uno de mis estudiantes también. Yo espero que haya pasado. Yo me pongo tan ansioso como él. No. Más ansioso. Él no lo está, el sigue con su tranquilidad habitual.
Los veo. Miran la pizarra, buscan la respuesta. "Bien, esta si... Puta, yo sabía que no...". Y me empiezo a desesperar. Nadie parece darse cuenta, pero yo me empiezo a desesperar. ¿Cuántas cosas dependen de esa nota, cuántas promesas, esperanzas, opciones laborales dependen en ellos de esa nota?.
Y entonces, ahora más que nunca, lo que veo no tiene ningún sentido. No hay lógica alguna. La educación cívica no se puede evaluar en setenta ítems, pienso. Ya esto lo sabía. Pero ahora lo veo...
Algunos terminan y empiezan a contar. Una mano va, golpeando con suavidad la pregunta acertada, como diciendo "mierda, no pudiste conmigo", luego se tambalea en el aire cuando alguna otra le ganó la batalla... La otra mano va pasando las hojas. Es su trabajo, que la otra mate las preguntas vencidas.
Cuarenta y nueve puntos. No cuarenta y ocho. Eso ya no basta. Cuarenta y nueve ítems derrotados es lo que buscan en su conteo. Es la diferencia entre haber ganado un pedazo de cartón que dará el sistema o... Un nuevo intento la próxima, quizá... Aquí, ahora, no importa lo hablado, no importa lo analizado, no importa lo que causó sorpresa o indignación. Aquí, ahora, son cuarenta y nueve puntos lo que importa, nada más. Cuarenta y nueve. Un número. Un número. Número.
Al sistema le gustan los números.
A ellos no. A mí tampoco.
Pero es el número lo que está en juego.
Puta, y si mi estudiante no pasó... puta... puta... ¿Qué me preocupa realmente? ¿Su esfuerzo, sus esperanzas, sus metas? ¿Mi habilidad educativa por los suelos, una categoría de mal profesor? Hay cosas que no les dije... Hablé mucho... hablé más de la cuenta de otras cosas. Pero esas cosas eran importantes, más importantes, porque son parte de nuestra realidad, porque es indispensable que se den cuenta de lo que pasa y, sobre todo, que entiendan por qué pasa. Pero puta... lo vital era que pasaran... Un número. Cuarenta y nueve números. Contradicción. Puta. Me sudan las manos. No entiendo qué pasa, en dónde estoy y qué hago ahí.
Terminan de contar. Y lo de siempre: unas pasan, otros no. Veo sus caras. Puta...
Mi estudiante no pasó. Camina hacia donde estoy, cuarenta y dos, me dice con la expresión de siempre. No, digo yo. Me da el examen. Yo cuento los puntos. Yo vuelvo a contar, y mientras, en fracción de segundo sufro más que él. Mierda, me faltó tiempo, si hubiera tenido más tiempo... si hubiera hablado menos... Afuera empieza a llover, pero sigue haciendo un calor cargadísimo de humedad. Un calor hediondo y grosero.
Cuarenta y cuatro en realidad. Eso no le basta al sistema.
Lo consuelo... eso creo. El está tranquilo, yo creo que sí paso, me dice. Si... hay que esperar a ver si el Ministerio anula preguntas... o hace curva. Si, tranquilo, me dice él a mí... Y se me acaban las palabras en ese momento. Él se va. Yo me quedo. Yo me tengo que quedar. Yo hago de su derrota mi derrota. Pero no le digo nada.
Me pongo de pie. Camino de un lugar a otro. Nadie me pregunta nada. ¿Qué me van a preguntar si saben contar? Una chica llora más allá. Ella sí pasó. Y en su llanto se dicen muchas cosas, que yo entiendo, que yo también siento.
De a poco se van yendo. El aula queda vacía. Nos vemos mañana, me dice mi jefe, que toca el de estudios sociales... Yo le digo que si. Salgo. Estoy en la calle. Llueve. Y yo ya no pienso nada...
miércoles, 9 de noviembre de 2011
lunes, 31 de octubre de 2011
Eclipse...
viernes, 28 de octubre de 2011
Los ladrones entran por la puerta de atrás.
jueves, 20 de octubre de 2011
Más abajo de la piel.
Abel Pacheco es de esos personajes que no pasan desapercibidos. Pacheco, como médico psiquiatra, levantó (por decirlo de alguna manera) las condiciones de atención de los pacientes del Hospital Nacional Psiquiátrico de Costa Rica. Podría presumirse que los médicos recurren a la escritura pues sus profesiones les impiden decir lo que realmente sienten... aunque la mayoría de los médicos no sean anuentes a escribir... A escribir nada, como lo demuestran las mundialmente famosas caligrafías de las recetas.
Como presidente del país, bueno, algunos dicen que hubo mejores si se quiere ver de ese modo. Sus errores políticos serán tristemente célebres, aunque podría igualmente partirse del supuesto de que es difícil gobernar un país cuando tus ministros te renuncian cada tres meses (y en alguna ocasión todos en bloque). Con todo, abelito, como cariñosamente le llaman los costarricenses (su personalidad bonachona de abuelito paternal caló a través de sus programas de televisión), tiene cualidades humanas bastante extrañas de encontrar en la vida política. Pero es menester dejar este tema, ocupémonos de lo que importa, su libro.
Pero además, Limón llora en la historia del tercer mundo ser la protagonista de la génesis de las Banana Republic. Fue allí, en ese pedacito de Centroamérica, que nació la United Fruit Company.
Con Más abajo de la piel, la literatura de Pacheco se muestra atractiva y sintética (pero no superficial), cargada de referencias a la negritud; más bien, es una voz que denuncia la diferencia racial evocando la humanidad que llevamos, precisamente, más abajo de la piel. Todo ello sin ser necesariamente panfletaria.
En el libro encontramos imágenes hermosas como "Limón es cascada verde. Sonata grito en negro mayor", "Los tambores se mueren de la risa y contagian con la ilusión de que se fue amo-chilillo, de que murió dólar-garrote" y "Los dioses de los mares piden sangre morena para que siempre puedan tener ritmo las olas". Particularmente hermosa la última, ¿cierto?.
El libro, compuesto por relatos cortos (unos mejores que otros como es natural) es un buen acompañante. Es un retrato a la vez temporal y atemporal de una dinámica social que, tal vez, subyace en la cotidianeidad. Porque al fin y al cabo, la historia la seguimos arrastrando, aunque la mayoría no se de cuenta de ello.
De todas las facetas de Pacheco, la que se respeta sin excepción es la del escritor.
Y bien, acá una muestra más exacta de lo que hablamos. Provecho.
"El visitante.
A Ignacio Ríos.
El pueblo se aferra a la línea y respira por los rieles.
El único hecho importante es la llegada del tren.
Desde las cinco de la tarde, todos los rostros miran línea abajo esperándolo.
Cuando llega hay expectación que nadie sabe explicar bien a bien. Es como si todos esperaran que de los carros se va a bajar alguien o algo, que va a resolverlo todo.
No hay desilusión cuando parte sin dejar más que un paquete de periódicos y algún agente viajero.
Es igual que jugar lotería, todos dicen "tal vez la próxima" y no hay problema.
Un día, del tren se bajó el diablo. Nadie supo si aplaudir o rechiflar.
Hubo junta de notables y Satanás se sentó con ellos a conversar y tomar tragos.
Había curiosidad y corría el rumor de que venía por el alma de cuatro prestamistas que lo saludaron muy cariñosamente, muy en confianza.
Unos decían que venía a montar una cantina.
Otros que a hacer política.
Los de más allá, que a funda otra Compañía Bananera.
Los más, que a sacar madera de los bosques, pero no, porque ya solo iban quedando guarumos, que no sirven.
El pueblo se asombró cuando el Alcalde comunicó la noticia:
-Señores: al Diablo lo sacaron del infierno y lo mandaron aquí tres meses..... por castigo."
Costa Rica, 1980
miércoles, 14 de septiembre de 2011
Enfoque.
Un lente, un cuerpo, y el dedo listo y, sobre todo, los ojos dispuesto a ver algo más que lo habitual.



Fotografías bajo licencia Creative Commons:
lunes, 5 de septiembre de 2011
Café para tres.
Ella... Se volteó y los ojos parecieron brillarle. Se levantó y lo abrazó, su frente a la altura de su nariz. Se quedaron en un abrazo infinito. Los brazos de ella se apoyaron en los hombros de él, subían, apretaban el cuello; una mano sentía su hombro, la otra se zambullía en su cabello: tensa, esa tensión que producen los momentos felices.
Ella escondiendo sus ojos en su cuello, viéndolo por dentro, sintiéndolo todo él, sintiéndose toda ella.
Ella con la cabeza inclinada hacia arriba, sus manos recostadas en su pecho. Sus ojos en movimiento continuo mirándolo todo él: sus ojos, su nariz, su boca, su nariz, sus ojos, su boca, su boca, su boca.
---o---
Y yo allí. Mirándolos mirarse, descaradamente. Sintiendo que los amaba en su amor. Porque en ese momento, yo me infiltré por accidente en su espacio tiempo, porque ellos, desconocidos para mí, como dos amantes, se olvidaron de todo y de todos y el tiempo se les detuvo, y yo, sin pretenderlo, quedé atrapado con ellos en su dimensión de amor sólido y puro. Cómo salí de esa dimensión no lo sé, tal vez salí con ellos, tal vez antes. Yo sé lo que es estar allí... como ellos... Lo cierto es que cuando me fuí del café, caí en cuenta. Bonita forma de celebrar un aniversario de ausencia, pensé.
jueves, 28 de julio de 2011
Un pedazo de papel, un pedazo de historia.
Escribimos nuestras historias en estos pedazos, historias tan infinitas como las hojas, que no consiguen llenar nunca a la hoja mayor. Estas historias se ponen en los pedazos, con lo que, muchas veces, cada pedazo de papel conserva un pedazo de historia.
Y todas las historias se completan en una sola, como los pedazos a las hojas.
El crucigrama se cierra en sí mismo en el punto en que descubrimos que la clave está en la ficción.





