lunes, 28 de mayo de 2012

Náusea.

La gente pasa, deprisa, no se miran, no se tocan, hacen maromas, se tuercen, pegan brinquitos; parecen tijeras, las piernas van y vienen, rápido, tijeras degeneradas que van cortando el aire; los brazos sujetan carpetas, sujetan bultos, sujetan otros brazos, a pesar de que no se tocan; una mano se levanta, taxi, el que sigue, otra mano mete la tarjeta, una tercera saca la billetera y en esta ocasión es indispensable no tocar... ¡y zas!, la billetera brinca de bolsillo a bolsillo, como por arte de magia y la mano, bien escondidita, se pierde deprisa, entre los cuerpos que siguen sin tocarse.

La gente pasa, deprisa, no se miran; tampoco miran otras miradas, tampoco miran la ausencia de estrellas en el cielo; un par de brazos abate el aire, el bus, bueno, se fue, el que siga; unos dedos, muy juntitos, no se mueven suspendidos en el aire, a la altura de la cabeza, no tienen ninguna moneda, esperan la llegada de alguna... de al menos una moneda; pareciera que no tuvieran uñas, pareciera que no tuvieran nudillos, son sólo unos dedos, nadie los mira ni los deditos ni lo que pueda haber al extremo de los deditos.

La gente pasa, muy deprisa, parece que va a llover; están al borde de correr, miran el reloj, eso sí lo miran; es esto un mareo, una náusea, todo va tan rápido que dan náuseas, es necesario ver a otro lado, es necesario mirar, mirar y evitar las estelas de la gente, que se mueven, que marean, que ni a putas se miran; podría decirse que las estelas, que cada trayecto, son uno, son mil, que se van quedando atrás y se unen hasta formar un sólo manchón gris, oscuro, asfixiante.

La gente pasa... Me detengo, al detenerme miro, siento ganas de vomitar porque me he detenido. Me consternan profundamente las bombas de jabón que me están rodeando y van cayendo lentamente, van flotando sorteando hombros, paraguas, manos de niños; me consterno profundamente al mirarlas y las sigo mirando para no vomitar, su movimiento es tan sutil, tan delicado y suave; me consterna saber que están ahí y no poder ubicar de dónde vienen. La gente pasa, deprisa, y no las llega a ver.

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